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Cuento: “La sortija”, de Karla Montañez Soto

Aquel ruido era melodía para él. Los cerrojos de las puertas eran polifónicos en su montaña y dentro de lo apartado de su lecho, cuatro pestañas lo presenciaban. Digamos que su mañana era ritualista y su almohada, compartida. Lodosas botas lo calzaban, mientras sus ojos nacidos del morbo divisaban su vestuario entre la paila de trastes sucios de la cocina. Ese sábado sería diferente, no para él, sino para la Arpía de aquella mitología. Avecinándose la terrible sequía infernal que enmudece la lengua y genera alucinaciones, agitó una de las puertas de su casa lúgubre perennizada con el olor a clavel. Una mano delicada y enflaquecida deslizó a través de la madera apolillada una sortija cobriza. Un cambio se acercaba para la dueña de aquella mano prisionera en el espesor de la casa de aquel hombre galante ante un mundo invidente. Esta vez, la naturaleza sería más astuta y es que la mugre de su pantalón rasgó el bolsillo donde la sortija era custodiada. Como era sábado, él asistió al teatrillo de la esquina del pueblo. Una damisela se dejó engatusar con la nariz mediterránea y ojos azabaches de aquel veterano de una misma guerra sin batallas. Justo cuando se proponía seducir a la doncella con aquella preciada joya, se percató de su desaparición. Tras la precariedad de su vida, obtener otra sortija sería imposible y él necesitaba pestañas distintas que lo miraran. Enfurecido, despachó a la damisela diciendo que volvería el próximo sábado. Se dijo: “¡Bah!, es mejor hacerme el interesante”. Al regresar a su casa, le repugnaba la idea de besar aquellos labios estériles, y se empecinó en encontrar la sortija. En su casucha de caoba taína, divisó que faltaba el respiro usual que calentaba la cocina. Tembló al creer que el mundo se enteraría y agitando aquella puerta siniestra reclamó: “¿Dónde está mi sortija?”. Desde el otro lado del río resonó una voz dulce y etérea que decía: “Me la tragué”. Fue entonces que no hubo más sábados, ni pestañas, ni teatro, ni Él.

FIN

Este cuento fue uno de los finalistas seleccionados por el jurado del Décimo Campeonato Mundial del Cuento Corto Oral para ser leído en público la noche del 5 de junio de 2015.

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Karla Montanez SotoKarla Montañez Soto Es periodista y estudiante de Derecho de la Universidad de Puerto Rico. Ha escrito para Diálogo Digital, el periódico Paréntesis y fue alumna de la escritora Mayra Santos Febres. La poesía y escritura creativa son un arte que practica y atesora. El derecho y la literatura son su pasión porque se fusionan en una ecuación deliberada de justicia.

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