REVISTA TRAPECIO

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Archivo de la categoría: Cuento

Cuento: “La voz del Señor de los Ejércitos”, de Hiram Sánchez Martínez

Un día Gibrán le anunció a su mujer que Dios le hablaba en sueños, que le hablaba con la misma claridad que da la cercanía de los amigos que comparten una copa de vino, y el mismo sentido de la realidad que es imposible confundir con sueños vulgares o pesadillas de encuentros insensatos. Pero cuando la mujer le cuestionó esos enunciados, la miró de arriba abajo y le respondió: (más…)

Cuento: “Pequeñas maniobras”, de Leonardo Soriano

Antes de entrar en combate, el soldado de infantería tenía puesto, bajo sus medias de lana, un par de medias más finas, a fin de proteger la epidermis del roce continuo de sus botas de campaña; había corrido un agujero del cinturón, para que no le quedaran demasiado holgados los pantalones, ahora que había adelgazado; y se había cerrado el primer botón de su camiseta, pues ya empezaba a sentir frío en aquella época del año. (más…)

Cuento: “La otra”, de María M. Figueroa Rodríguez

Observó el rostro cansado de la mujer, coronado con un turbante negro de coloridas maripositas. Resbaló la mirada hasta su gruesa figura, que conservaba vestigios de una lejana juventud. La mujer se percataba de la constante presencia de la otra en su interior, y la ignoraba. Mondar los guineos, preparar la masa, las hojas, la carne, el sofrito, fregar los calderos… (más…)

Cuento: “La sortija”, de Karla Montañez Soto

Aquel ruido era melodía para él. Los cerrojos de las puertas eran polifónicos en su montaña y dentro de lo apartado de su lecho, cuatro pestañas lo presenciaban. Digamos que su mañana era ritualista y su almohada, compartida. Lodosas botas lo calzaban, mientras sus ojos nacidos del morbo divisaban su vestuario entre la paila de trastes sucios de la cocina. (más…)

Cuento: “Sueño de milenios”, de Ivette Rivera Morales

Despertó desnuda frente al Big Ben. El cielo llora la resaca de ciento diecisiete noches de juerga con Jack Daniels. Ella miró a las nubes grises mientras trataba de entender qué le sucedía a su mente. Se percató de la vulnerabilidad en su cuerpo. Era la primera vez que mostraba sus vísceras al ojo público. Miró en dirección del norte, un hombre con manos fuertes de vikingo le saludó con una seriedad solemne. (más…)

Cuento: “El porfiado”, de Gregorio Pineda

El hombre conocía el oficio, se había graduado de una prestigiosa universidad y colaboraba en algunas revistas especializadas.

Cuando se enteró del certamen de cuento corto, con un primer premio de mil quinientos dólares pensó: “Humm…mil quinientos pesistos no le caen mal a nadie”. Recordó que tenía un cuento engavetado, lo sacó y pasó en limpio. (más…)

Cuento: “Milagro”, de Carlos J. Méndez Betancourt

No hizo Jesús mas que llegar al cementerio y lo único que se le ocurrió fue formar un sal pa fuera con Lázaro, del cual todavía se comenta. (más…)

Cuento: “Perdido el equilibrio”, de René Rodríguez González

El gran boquete se abrió. Cobró vida. Las venas le latían, sudaba, supuraba. Aliento caliente recorría las calles que, repletas de transeúntes, parecían miembros ondulantes de un pulpo en furia. Las pencas de las palmas se confundían con cientos de gaviotas, pitirres, changos, palomas y un sinfín de hojas que oscurecían el cielo en un enjambre diagonal y epidémico. (más…)

Cuento: “La jaula de saberes”, de Luis Alberto Rivera Ayala

Encerrado entre cuatro superficies reflejantes. A los extremos veo personas con una cara muy familiar, la mía. También hay más gente nefasta alrededor. Gente con poco coeficiente intelectual, quienes creen que por no exhalar ni una sola palabra en el semestre, soy bruto. La verdad es que no me nace hablar con moscas, solo dibujar y manifestarme artísticamente. Tampoco tengo tiempo para oír historias ajenas a mí. (más…)

Cuento: “La cura del virus”, de Joel Feliciano

Le arranca el dedo de raíz de un mordisco. El doctor Alexander Fleming se saca al zombie de encima, lo golpea con la pala, lo deja aturdido en el suelo, y con la hoja le cercena la cabeza. Sin embargo, el daño está hecho, el virus usurpa la carne del doctor, lo pudre por dentro. Se marea. No ha podido descubrir la cura de esta enfermedad. Y sin saber por qué, vagabundea por la calle. (más…)